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Corriente del siglo XIX que retrató las costumbres criollas y la figura del gaucho, construyendo una de las primeras imágenes visuales de identidad nacional.
Antes de las redes sociales, antes de la tele, antes incluso de la fotografía masiva, la única forma de saber cómo era la vida en la pampa argentina era... un cuadro. Durante el siglo XIX, mientras el país recién independizado todavía se estaba inventando a sí mismo, surgió una pintura obsesionada con documentar (y también idealizar un poco) las costumbres locales: ferias, fiestas populares, 'tipos' criollos como la lavandera o el aguatero, y sobre todo, la gran estrella del género: el gaucho.
El primer gran nombre es Carlos Morel, considerado el primer pintor nacido en Buenos Aires en dedicarse en serio a temas locales. En plena época de Juan Manuel de Rosas, Morel retrataba gauchos, milicias y malones (las incursiones de pueblos originarios) en litografías que circulaban como si fueran las postales de la época.
Después llegó alguien con un apellido pesado: Prilidiano Pueyrredón, hijo de uno de los próceres de la independencia. A diferencia de Morel, Pueyrredón pintaba con una mirada más tranquila y detallista: escenas como 'Un alto en el campo' o 'La siesta' muestran gauchos descansando, caballos sueltos y un paisaje pampeano que parece respirar en cámara lenta. Nada de batallas, solo vida cotidiana.
Y no todos los que pintaron esta Argentina eran argentinos. El alemán Johann Moritz Rugendas cruzó el Atlántico y recorrió el territorio documentando paisajes y costumbres criollas con ojos de turista fascinado, dejando una mirada externa que circuló junto a la de los artistas locales.
Este movimiento corre justo en paralelo a la literatura gauchesca -el 'Martín Fierro' de José Hernández es el ejemplo más conocido de todos- y, como ella, terminó convirtiendo al gaucho en un símbolo nacional casi de culto. La ironía es que, mientras se lo pintaba como héroe libre de la pampa, en la vida real esa misma figura estaba siendo desplazada a los golpes por el avance del Estado y el alambrado de la propiedad privada.