Cargando Kuna...
Cargando Kuna...
Perdió el brazo derecho en combate y aprendió a pintar de nuevo con el izquierdo, para dejar el único registro visual completo de una guerra.
Esta es, probablemente, la historia más increíble de todo el arte argentino. Cándido López era un pintor aficionado, casi autodidacta, cuando en 1865 se alistó como soldado para pelear en la Guerra de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay). Iba al frente con un cuaderno de apuntes, dibujando todo lo que veía entre batalla y batalla.
En 1866, en la batalla de Curupaytí, una granada le voló la mano derecha. Los médicos de campaña le amputaron el brazo. Para cualquier pintor, ese hubiera sido el final de la historia. Para López fue el comienzo de la parte más importante de su obra: aprendió a pintar de nuevo, desde cero, con la mano izquierda.
Durante las siguientes tres décadas, usando sus bocetos de guerra como referencia, pintó una serie de más de 50 cuadros panorámicos documentando escenas completas del conflicto: campamentos, marchas, batallas vistas desde arriba, con un nivel de detalle casi obsesivo -se pueden contar los soldados, las carpas, los cañones, uno por uno-. Como en esa guerra casi no existía registro fotográfico, sus pinturas terminaron siendo el documento visual más completo que existe sobre ese conflicto.
López nunca se consideró un 'artista' en el sentido formal: decía que pintaba por necesidad de dejar memoria, no por ambición estética. Irónicamente, esa falta de pretensión es justo lo que hoy los historiadores del arte más valoran: una crónica visual honesta, obsesiva y pintada enteramente con la mano que no era la suya.