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Empezó a exponer siendo adolescente y terminó siendo uno de los artistas argentinos contemporáneos más cotizados del mundo, pintando camas vacías como si fueran mapas.
Guillermo Kuitca nació en Buenos Aires en 1961 y tuvo una carrera que arrancó absurdamente rápido: hizo su primera muestra individual a los 13 años, y antes de cumplir 20 ya exponía de forma profesional. La mayoría de los artistas tarda décadas en encontrar una voz propia; Kuitca la encontró siendo prácticamente un chico.
Su imagen más reconocible son las camas vacías vistas desde arriba, pintadas con los contornos de mapas de ciudades, líneas de subte o trazados urbanos superpuestos sobre el colchón. Una cama debería ser el lugar más íntimo y seguro que existe, pero en sus cuadros aparece marcada por rutas, fronteras y recorridos, como si hasta el descanso estuviera atravesado por el desplazamiento y la distancia.
Después amplió la idea a mapas reales: pintó planos de aeropuertos, butacas de teatros de ópera y sistemas completos de subterráneos directamente sobre colchones y lienzos a gran escala, siempre vacíos de gente, siempre con esa sensación de ausencia flotando en el aire.
Hoy expone en los museos más importantes del mundo -el MoMA, el Whitney, la Bienal de Venecia- y es, junto a León Ferrari y Marta Minujín, parte del pequeño grupo de artistas argentinos contemporáneos con reconocimiento verdaderamente global. Y todo arrancó con un adolescente porteño que empezó a mostrar su obra antes de terminar el secundario.