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Pionero del arte cinético con agua y neón, e ideólogo de una ciudad utópica flotante. Hizo esculturas que se movían décadas antes de que eso fuera algo común en el arte.
Gyula Kosice nació en Hungría en 1924 con el nombre Fernando Fallik, pero llegó a la Argentina siendo chico y acá se formó, acá hizo su carrera y acá se nacionalizó. Fue, junto a Arden Quin y Rothfuss, uno de los fundadores del movimiento Madí en 1946, pero su obra individual terminó yendo todavía más lejos que la de sus compañeros de grupo.
En 1944, antes incluso de que naciera formalmente Madí, ya había creado 'Röyi', una escultura articulada con partes móviles considerada una de las primeras esculturas cinéticas de toda Latinoamérica -a la par, cronológicamente, de los primeros móviles de Alexander Calder en Estados Unidos-. Para Kosice, una escultura no tenía por qué quedarse quieta.
Con el tiempo empezó a trabajar con materiales que nadie usaba para hacer arte: agua en movimiento, tubos de neón encendido, acrílico iluminado. Sus esculturas hidrocinéticas -estructuras transparentes atravesadas por agua circulando y luz de colores- lo convirtieron en pionero mundial del arte lumínico, con obras que todavía hoy sorprenden por lo adelantadas que estaban a su época.
Su proyecto más ambicioso fue 'La Ciudad Hidroespacial', una serie de maquetas y escritos que imaginaban una ciudad utópica flotando sobre el agua o en el espacio, sostenida por tecnología e irrigación constante, pensada como una alternativa habitable al mundo urbano tradicional. Era, a la vez, escultura, arquitectura especulativa y ciencia ficción, todo mezclado en el mismo proyecto.
Kosice murió en Buenos Aires en 2016, después de más de setenta años de carrera, habiendo sido una de las pocas figuras del arte argentino que se dedicó, desde el primer día, a imaginar futuros que todavía no existían.