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El padre del surrealismo argentino. Pintaba lo que llamaba 'radiografías del pensamiento': imágenes que parecían placas de rayos X del inconsciente.
Juan Batlle Planas nació en Cataluña en 1911 y llegó a la Argentina de chico, así que su formación artística fue enteramente local. Pero lo que trajo en la cabeza no era nada local: mientras buena parte de la pintura argentina de los años 30 todavía discutía entre academicismo y costumbrismo, él ya estaba leyendo a Freud y experimentando con el dibujo automático que proponían los surrealistas europeos.
Su serie más personal son las 'radiografías': composiciones que literalmente parecen placas médicas, con huesos, órganos y objetos flotando en un fondo oscuro translúcido, como si se pudiera ver a través de la mente de alguien. No era un capricho estético: Batlle Planas estaba convencido de que el arte podía funcionar como una herramienta para explorar el inconsciente, de la misma manera que una radiografía revela lo que el ojo no ve a simple vista.
Para sobrevivir, trabajó durante años haciendo ilustración publicitaria -afiches, avisos, folletería- mientras desarrollaba en paralelo su obra personal más experimental. Esa doble vida, tan común entre artistas de su generación, no le impidió fundar su propia escuela de pintura, donde formó a varios artistas más jóvenes que después se cruzarían con la movida del Di Tella.
Batlle Planas murió en 1966, antes de ver el estallido definitivo de la vanguardia porteña de fines de los 60, pero sin él ese camino hubiera sido bastante distinto: fue, durante décadas, prácticamente el único que sostuvo la bandera surrealista en un ambiente artístico argentino que miraba para otro lado.