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Nació en Rosario y terminó revolucionando el arte europeo con un gesto simple: cortar la tela con una gillette. Padre del Espacialismo.
Capaz el argentino más caro e influyente de la historia del arte ni siquiera suena como argentino: Lucio Fontana nació en Rosario en 1899, hijo de un escultor italiano, y se crió entre Argentina e Italia desde chico. Terminó formándose como escultor en Milán, pero el arte que lo hizo famoso no se esculpe: se corta.
Durante la Segunda Guerra Mundial volvió a Buenos Aires escapando del fascismo, y ahí, junto a sus alumnos, escribió en 1946 el Manifiesto Blanco: un texto que proponía abandonar la pintura y la escultura tradicionales para crear un arte que incorporara el espacio, el tiempo y la tecnología. Era, básicamente, una declaración de guerra contra la tela como objeto quieto y plano.
De vuelta en Italia fundó el Espacialismo (Spazialismo) y empezó a producir su serie más famosa: los 'Conceptos espaciales'. Tomaba un lienzo monocromo, perfecto, y lo perforaba con agujeros (los 'buchi') o lo rajaba de punta a punta con una cuchilla (los 'tagli'). No era vandalismo: era, según él, la forma de atravesar la superficie y dejar que el espacio real entrara en la obra. Un corte prolijo, calculado, casi quirúrgico.
La crítica de la época se dividió entre el escándalo y la fascinación, pero el tiempo le dio la razón: hoy sus 'tagli' están en el MoMA, la Tate y el Centro Pompidou, y una sola de esas telas cortadas se vendió por más de 20 millones de dólares en subasta. No está mal para alguien que, literalmente, le hizo un tajo a un lienzo y dijo 'esto es la obra'.