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Pintó el horror de la Guerra Civil Española sin haber estado ahí, y después se imaginó astronautas y criaturas alienígenas tres décadas antes de que la ciencia ficción se pusiera de moda.
Raquel Forner nació en Buenos Aires en 1902 y fue una de las pocas mujeres que logró abrirse paso en un ambiente artístico dominado casi por completo por hombres, hasta convertirse en una de las primeras en recibir el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Bellas Artes, el reconocimiento más importante del país.
En los años 30, sin haber pisado España, quedó tan conmovida por la Guerra Civil Española que empezó a pintar su 'Serie España': cuadros desgarradores sobre madres, soldados y víctimas civiles, pintados con una paleta oscura y gestos casi expresionistas. No pintaba batallas heroicas, pintaba el dolor de la gente común atrapada en el medio.
Pero el giro más inesperado de su carrera llegó en los años 60, en plena Guerra Fría y carrera espacial. Forner empezó a pintar una serie llamada 'Mitos', poblada de astronautas, criaturas alienígenas y figuras mitad humanas mitad cósmicas, flotando en paisajes que parecen otros planetas. Estaba procesando, a su manera, la angustia colectiva por la bomba atómica y la fascinación por la conquista del espacio, tres décadas antes de que esos temas fueran un cliché del arte contemporáneo.
Estuvo casada con el escultor Alfredo Bigatti, con quien compartió taller durante décadas, pero su obra siempre tuvo una voz completamente propia: por un lado profundamente política, por otro casi de ciencia ficción, y en el medio, siempre, una enorme empatía por los cuerpos que sufren.