Cargando Kuna...
Cargando Kuna...
Pintor de atmósferas suaves y personajes de circo, terminó pintando la cúpula del Teatro Colón: una de las obras más vistas -y menos firmadas a simple vista- del arte argentino.
Raúl Soldi nació en Buenos Aires en 1905 y, como tantos de su generación, se formó en Italia, donde estudió con el pintor Felice Carena. De esa etapa europea volvió con una paleta pastel y una sensibilidad casi onírica que lo iba a acompañar toda la vida: nada de gestos violentos ni manifiestos rupturistas, sino una pintura suave, lírica, poblada de payasos, enamorados, músicos y figuras de circo flotando en composiciones delicadas.
Esa ternura visual, que en los años de la vanguardia más dura podía sonar fuera de moda, terminó siendo exactamente lo que buscaban para el encargo más importante de su carrera: en 1966 se inauguró su pintura para la cúpula del Teatro Colón, el techo del teatro de ópera más importante de Latinoamérica. Ahí, a varios pisos de altura sobre las butacas, Soldi pintó una ronda de músicos y figuras aladas que todavía hoy miran -literalmente desde arriba- cada función.
Es, probablemente, una de las obras de arte argentino más vistas de toda la historia del país: millones de personas pasaron por abajo de esa cúpula en casi sesenta años, muchas sin saber siquiera el nombre del pintor que la hizo. Mirar para arriba en el Colón es, sin que casi nadie lo note, mirar un Soldi.
Además de esa obra monumental, Soldi pintó murales, vitrales y decoró iglesias y edificios públicos por todo el país, siempre con esa misma calma poética. Murió en 1994, dejando una de las obras más amables -y más silenciosamente omnipresentes- del arte argentino del siglo XX.