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Un grupo de jóvenes porteños decidió que el cuadro ya no tenía por qué ser rectangular, y de ahí nació la abstracción geométrica argentina.
En 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, un grupo de artistas y poetas porteños publicó una sola revista -se llamaba Arturo, tuvo un único número y hoy es una pieza de colección- que terminó siendo el documento fundacional de la abstracción geométrica en Argentina. La idea central era simple y radical a la vez: el arte no tenía que representar nada del mundo real, solo existir como forma, color y estructura pura.
De ese grupo salieron dos movimientos hermanos (y rivales) que se pelearon públicamente por quién había tenido la idea primero. El Arte Concreto-Invención, con Tomás Maldonado y Lidy Prati a la cabeza, proponía cuadros estrictamente geométricos con 'marco recortado': en vez del rectángulo de toda la vida, la tela terminaba con la forma irregular que dictaba la composición interna.
El otro grupo, más excéntrico todavía, se llamó Madí y lo lideraban Gyula Kosice, Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss. Llevaron la idea del marco recortado todavía más lejos, con formas casi caprichosas, y Kosice en particular se metió de lleno en territorio de ciencia ficción: fue pionero mundial en usar neón, agua en movimiento y luz artificial como material escultórico, décadas antes de que el arte lumínico se pusiera de moda en el resto del mundo.
Ninguno de los dos grupos duró mucho como tal -se disolvieron hacia 1946- pero dejaron una marca enorme: fueron una de las primeras vanguardias verdaderamente originales nacidas en Argentina, sin copiar un movimiento europeo preexistente, y hoy sus obras se consiguen en museos como el MoMA de Nueva York.