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Cuando los medios estaban censurados, un grupo de artistas encontró una forma de esquivar el control: mandar el arte por correo postal, de mano en mano, por todo el mundo.
¿Cómo hacés circular arte -o información- cuando los medios están censurados y cualquier reunión pública puede ser peligrosa? Un grupo de artistas conceptuales argentinos encontró una respuesta tan simple como ingeniosa: usar el correo postal común y corriente como red de distribución. Así nació el arte correo (mail art) en Argentina, con el platense Edgardo Antonio Vigo como su figura más importante.
La mecánica era así: un artista creaba una pieza pequeña -un sello inventado, una postal intervenida, un fotomontaje, un poema visual- y la mandaba por correo a otros artistas en distintas ciudades y países, que a su vez respondían con sus propias piezas o las reenviaban a más gente. Se armó así una red internacional invisible que no necesitaba galerías, ni permisos, ni pasar ningún tipo de control oficial: solo un sobre y una estampilla.
Para Vigo esto no era solo una técnica, era una estrategia de resistencia. Durante la última dictadura militar (1976-1983) su propio hijo, conocido como 'Palomo', fue secuestrado y desaparecido por el régimen. Vigo siguió trabajando y usó la red de arte correo para hacer circular denuncias y mantener contacto con el mundo, en un momento en que los medios tradicionales estaban controlados o directamente callados.
El arte correo nunca necesitó un museo ni una gran inauguración: funcionaba en la intimidad de un buzón. Hoy se lo estudia como uno de los antecedentes directos del arte en red, y como un ejemplo de cómo el arte conceptual argentino encontró, en los años más oscuros del país, una forma silenciosa pero efectiva de seguir comunicando lo que no se podía decir en voz alta.