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Un magnate de la prensa le encargó a cinco pintores un mural secreto para el sótano de su mansión. Estuvo oculto casi medio siglo.
En 1933 el muralismo mexicano estaba en su mejor momento, con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros pintando paredes gigantes por todo el continente. Siqueiros incluso había pasado una temporada en Buenos Aires, y dejó una semilla: un grupo de jóvenes pintores argentinos -Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino, Enrique Lázaro y Demetrio Urruchúa- decidió que ellos también querían pintar algo a esa escala.
La oportunidad llegó de un lugar inesperado: Natalio Botana, dueño del diario Crítica -uno de los más influyentes del país- les encargó pintar el sótano completo de su mansión en Don Torcuato, a las afueras de Buenos Aires. El resultado se llamó 'Ejercicio Plástico': un mural envolvente de más de 200 metros cuadrados con figuras femeninas desnudas en poses sensuales, pintado directamente sobre las paredes curvas del sótano.
El detalle más llamativo es que varias de esas figuras tenían el rostro de la esposa de Botana, Salvadora Medina Onrubia, y de otras mujeres cercanas a la familia. Por eso mismo, la obra se mantuvo prácticamente oculta dentro de la propiedad privada durante más de 40 años, vista apenas por invitados de la familia Botana, mientras afuera nadie sabía que existía uno de los murales más ambiciosos del arte argentino del siglo XX.
Recién en los años 90 el mural empezó a restaurarse y a hacerse conocido públicamente, hasta ser declarado Monumento Histórico Nacional. Hoy se puede visitar con reserva previa, y sigue siendo uno de los pocos ejemplos de muralismo a gran escala que dejó la Argentina, nacido de un encargo tan privado como insólito.